Distintos caminos

Distintos caminos
Es difícil sentarse a escribir unas líneas y abstraerse del momento que nos toca vivir, por ello, hoy me gustaría hablarles de la dificultad que presenta para las personas, ser felices, a pesar de la multiplicidad de maneras disponibles de acceso instantáneo. Ya se lo cuestionó Freud en 1930, cuando publicó su libro “El malestar en la cultura” (1930). Hizo un recorrido respecto a los diferentes caminos que toma el sufrimiento, se preguntó al respecto de la felicidad, además de dilucidar la paradójica influencia cultural. Lierni Irizar, en su libro “La pérdida de lo humano” con exquisito detalle, explica que para evitar el sufrimiento derivado de las relaciones con los otros, el camino por el que optamos es el aislamiento, el alejamiento de los demás. Cuando el malestar proviene de las amenazas del mundo exterior, se intenta controlar la naturaleza y someterla a la necesidad humana.  Quizás el más duro de los caminos y también el más efectivo, es la intoxicación, produce placer y a la vez escapar del peso de la realidad. Otras de las maneras que puede funcionar para algunos es el evitar sentir, como la práctica de técnicas orientales que para Freud, consiguen la felicidad del reposo, pero sacrificando la vida. También se observa la tendencia a enfocar toda la energía (pulsiones) en actividades psíquicas o intelectuales que pueden cumplir con el objetivo de darnos satisfacción, hasta que el cuerpo se convierte en algo doloroso. Aunque la experiencia más placentera se manifiesta cuando nos centramos principalmente, en la expresión del amor sexual, amar y ser amado. Como contrapartida, nunca se es más infeliz como cuando hemos perdido al ser que amamos. Desde el punto de vista del psicoanálisis el origen del sufrimiento proviene, del propio cuerpo, destinado a decaer con la angustia que desencadena, del mundo exterior, catástrofes, pandemia, falta de medios etc., de las relaciones con los otros y de la influencia de lo Social (cultura). (Irizar, 2014, pp. 86-88). Freud, entiende que no nos sentimos a gusto en la cultura ya que para desenvolvernos en ella hay que renunciar a las satisfacciones pulsionales. Y cito textualmente, “Lisa y llanamente nos negamos a admitirla, no podemos entender la razón por la cual las normas que nosotros mismos hemos creado no habrían más bien de protegernos y beneficiarnos a todos (…) Enuncia que gran parte de la culpa por nuestras miserias la tiene lo que se llama nuestra cultura.” (Freud, 1930, p. 85.) Gustavo Dessal en su libro, “El inconsciente 3.0” (2019), el cual recomiendo su lectura, describe con detalle una situación actual concreta, que desvela dicho malestar: “El incomparable papel que este aparatito (smartfhone) ha conquistado no puede explicarse solamente por los indiscutibles servicios que nos presta. Podemos estar un día entero o más sin coche, sin compañía, sin leer un libro o sin escuchar la radio. Un día entero sin comer. Muy pocas personas, en cambio, pueden soportar un día entero sin su teléfono móvil. En la lengua inglesa, los geeks (personas obsesionadas con la tecnología) suelen usar la expresión, – to wean off- (destetar) para referirse al hecho de limitarse en el uso del teléfono” . Cuanto menos paradójico. No se propone dejar de sufrir y ser felices todo el tiempo. Se propone que a través de la palabra, encontremos el equilibrio entre las exigencias culturales y a la vez satisfacernos. No podemos vivir sin la influencia cultural, pero tampoco podemos cubrir todas sus exigencias. “(…) y uno de los problemas que atañen a su destino es saber si mediante determinada configuración cultural ese equilibrio puede alcanzarse o si el conflicto es insalvable.” (Freud, 1930, p. 94)

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