Depresión

Depresión

Antes del siglo XX, enfermedad “mental” aparecía primero como melancolía y tristeza, no como depresión. Henry Ey consideró la melancolía como una “deconstrucción ética temporal” a mediados del siglo XX. Una enfermedad temporal que hace que el sujeto sea incapaz de proyectarse hacia el futuro. Es ética porque muestra la confusión entre sujeto y acción (inhibición).

Más cerca de nuestro tiempo, la Asociación Americana de Psiquiatría publicó el DSM, Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales en 1995. Hoy en día, existen al menos tres industrias teóricas que definen y codifican los estándares de la psiquiatría moderna: 1) la Organización Mundial de la Salud (OMS) con su “Clasificación Internacional de las Enfermedades (I.C.D.), ya publicado su número 10; 2) la Agencia para Políticas e Investigación en 90 la Atención de la Salud (AHCPR), dependiente del Departamento de Salud de Estados Unidos, que edita los “Manuales de consulta para clínicos” y las “Guías prácticas para los pacientes”; 3) la Asociación Americana de Psiquiatría (A.P.A.) con su “Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales” (D.S.M.), cuya aparición data de 1952.

En el DSM encontramos una clasificación nosográfica que eliminaba la categoría de nosología psicoanalítica y clasificaba la depresión como un “trastorno del estado de ánimo”. Esto significa que la psiquiatría actual no distingue entre neurosis, perversiones y psicosis y las consecuencias diagnósticas y terapéuticas de tales decisiones. Uno, por ejemplo, es un resultado orientado al tratamiento que se pierde en una mala interpretación de las características del DSM que ignora el hecho de que la depresión a veces puede actuar como un sustituto de la psicosis o como una neurosis de urgencia silenciosa. Se extravía en la lectura de signos que el DSM nombra “trastornos”, sin considerar la función que cumplen en el entramado de una estructura.

Etimología de la palabra “depresión”: “Depresión” proviene de “prémere”: apretar, oprimir; y “deprimiere”: empujar hacia abajo. Es ése el afecto que sufre el deprimido. La depresión es un conjunto de afectos del sujeto: tristeza, inhibición, abatimiento, desgano, crisis de llanto, angustia, frustración, aislamiento, dolor, desesperanza, decepción, desamor.

El psicoanálisis no comienza sin afecto: el dolor del impacto, el “no doy más”, lo insoportable, lo real. Todo ser parlante es afectado de cierta manera. Cada uno tiene un estilo emocional específico para su asimilación en la estructura.

El psicoanálisis exige que lo que afecta al sujeto se transfiera al dicho, a poner en palabra, no al acto. Sin embargo, el psicoanálisis no es solo el reconocimiento del conocimiento que las personas ya saben o piensan. El Psicoanálisis interroga a la verdad como saber (inconsciente). Las emociones están subordinadas a este acercamiento a la verdad, como insistía Jacques Lacan:

“Lo que yo enseño es que el inconsciente está condicionado por el lenguaje, y eso sitúa los afectos”.

Freud plantea a la inhibición -frecuente signo de los estados depresivos- como una “renuncia” a cierta función, porque a raíz de su ejercicio se desarrollaría angustia.

Jacques Lacan, insistía en “Televisión” de 1973, que la tristeza no debe ser vista como depresión, sino como “cobardía moral”, una traición del sujeto a sí mismo, por no reconocerse en el inconsciente, cuando de neurosis se trata. Tristeza, no querer saber. El despoblamiento simbólico, efecto de un real insoportable -frente al que el sujeto no pudo responder ni con la seguridad fantasmática ni con un síntoma-, lleva a la tristeza.

Eric Laurent propone en “Un afecto nuevo”: “La experiencia de un Psicoanálisis no debe conducirnos a vivirnos como máquinas sino a descubrir en eso un relámpago, que hay otro modo de goce que la tristeza. Habitar el mundo, vivir, es poder vivir con la experiencia de la pérdida, habitar un mundo tal que él pueda incluir este dolor allí. No deshacerse u olvidarlo sino verdaderamente habitar el lenguaje. Proponernos no solamente un significante nuevo sino una relación nueva al significante en tanto que él introduce un nuevo afecto”

A diferencia de los criterios diagnósticos del D.S.M., la enseñanza de Lacan no ubica a la depresión como un “trastorno del estado de ánimo”, ni como un “episodio afectivo”, sino que vuelve a incluir al sujeto del inconsciente, al significante, y a la sexualidad, al goce, al objeto, como las dos dimensiones a tomar en cuenta en toda depresión neurótica. Tanto uno como otro, el significante y el objeto, permiten leer la depresión en función de la causalidad psíquica, ofreciendo la posibilidad de generar un nuevo espacio subjetivo para la queja, reduciendo el goce y la satisfacción que conlleva toda renuncia al deseo, característica de la depresión.

Bibliografía

Bertholet, R. (2012). La depresión, una lectura desde el psicoanálisis. In IV Congreso Internacional de Investigación y Práctica Profesional en Psicología XIX Jornadas de Investigación VIII Encuentro de Investigadores en Psicología del MERCOSUR. Facultad de Psicología-Universidad de Buenos Aires.

Freud, S.; “El problema económico del masoquismo”, tomo XIX, Amorrortu Editores, 1989.

Freud, S.; “Inhibición, síntoma y angustia”, tomo XX, Amorrortu Editores, 1989. Freud, S.; “El malestar en la cultura”, tomo XXI, Amorrortu Editores, 1990.

Lacan, J.; Seminario “El atolondradicho”, en Escansión 1, 1984, Editorial Paidós. Lacan, J.; Seminario “Aún”; Editorial Paidós. Lacan, J.; Seminario “El sinthome”, Editorial Paidós, 2006.

Lacan, J.; Seminario “RSI”, inédito.

Lacan, J.; “Radiofonía y Televisión”, Editorial Anagrama, 1993.

Jackson, S. W.; “Historia de la melancolía y la depresión desde los tiempos hipocráticos a la época moderna”, Editorial Turner, 1989.

Ey, H.; “Tratado de Psiquiatría”, Editorial Toray Masson, 1974.

Asociación de Psiquiatría Americana; “DSM IV”, Editorial Masson, 1995.

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